ARANDO PLAZAS
La capital del mundialmente famoso Val dos Marcos, esta situada en la margen derecha del río Tuela, el que la separa de un núcleo de población en el cual que residen los famosos Lapelos, también muy conocidos en los ámbitos Transmontanos.
Corría el año de gracia de 1973, era verano y se acercaba la fiesta patronal de los Lapelos. Fiesta en la cual, por ser la primera del año y de la comarca, se solía reunir toda la mocedad de los pueblos de los alrededores: La Tejera, Lubián, Castromil, Castrelos y la propia capital de Val dos Marcos Sancibrao.
Las vísperas de la susodicha fiesta, los mozos Lapelos estuvieron muy atareados, transportado arena desde el río Tuela hasta la plaza en la que al día siguiente se instalaría la orquesta correspondiente, al son de la cual estarían bailando desde la mañana hasta la noche. Con esta arena pretendían cubrir la plaza, regarla, y apisonarla, para que al día siguiente, al bailar no se levantase polvo.
Parece ser que durante toda la tarde, varios mozos estuvieron atareados extendiendo arena, hechandole agua, apisonadola con un seat 850, hasta al anochecer momento en que todo quedó muy oscuro y dieron por terminada la faena.
A la media noche, aparecieron por el pueblo, dos individuos vestidos de militares, eran mi hermano José María y su colega Cándido, que venían con un permiso de varios días desde Valladolid donde estaban haciendo el servicio militar.
Llegaron todavía a tiempo de tomar un café en el bar “Grilo”, pues ya casi habían cerrado el mismo, accedió el dueño a servirles un café, y decirles que tenia que cerrar porque al día siguiente era la fiesta del lugar y tenia que madrugar, que le perdonasen, por no poder atenderlos más tiempo.
Comenzaron a caminar de nuevo para recorrer los dos kilómetros que separan un pueblo del otro, con la idea de pasar por un pajar y hacer un “fachon”, para alumbrarse por el camino.
Tenían que pasar forzosamente por la plaza, que durante la tarde había sido adecentada y engalanada para el baile del día siguiente. Al llegar a la misma y verla también preparada, tan lisita y tan bonita, miraron el uno para el otro y sin cruzar una sola palabra, cogieron un arado que había en un “tendello” próximo, y uno sujetando “A Rabiza” y el otro tirando del “Timón”, hicieron varios surcos en la obra maestra. Dejaron el arado en medio de la plaza, por si al día siguiente no se veía lo arado, y se fueron a Sancipi, cada uno a su casa.
Al día siguiente cuando todos los mozos se presentaron en la fiesta, los de Hermisende estaban bastante cabreados por la faena y si no es por la Guardia Civil le calientan el cuerpo a un chico de Sancipi, que había estado antes que ellos en el bar.
Algunos de los mozos de H.., Comentaron con mi hermano, que aquello solo podía ser cosa de Agenor, al decirle mi hermano que podrían haber sido otros, su interlocutor le dijo que imposible, pues la tarde anterior solo había estado él y dos chicos que iban vestidos de soldados y éstos no habían sido.
In Memoriam, Xería.