TABAQUERIAS
CURIOSIDADES ALREDEDOR DEL TABACO, POR LOS AÑOS 60.
Como todos sabréis, de aquella, el fumar estaba muy mal visto. No por que fuera pernicioso para la salud, sinó por motivos menos científicos: Costaba dinero, y sobre todo era una falta de respeto a nuestros mayores ¿?.
Yo, como todos, empecé a fumar para ser más “hombre”. Primero los domingos, después los días de paseo que los frailes nos daban (los jueves), y al final, ya con el vicio a cuestas todos, los días.
Como era de esperar, una vez metido en el lío, todo cuanto dinero caía en mis manos iba para tabaco.Hay que decir que el dinero, de aquella, era un espécimen raro y escaso, y aunque un paquete de Celtas cortos costaba 3,50 pts. A veces nos teníamos que juntar tres o cuatro para conseguirías.
Estando en el pueblo, algunos llegamos a fumar hojas de “silva” y de patata. Y lo mas socorrido era el cuarteron, del que salían unos setenta cigarrillos aprovechando bien las colillas y costaba 0,50 pts. Más que el paquete de cigarros liados.
El Asunto es que, en la capital de Val dos Marcos, hay una generación de exfumadores, algunos de los cuales descargan su conciencia diciendo que yo, pobre de mi, fui el que los introdujo en el “vicio do tabaco”.
No sé, yo no recuerdo de haber obligado, con coacciones, amenazas y menos con armas, e nadie a fumar, pero bueno si ellos creen que la culpa ha sido mía, que denuncien a la que entones era tabacalera española, que vendía elproducto. Yo sólo lo consumía, mejor dicho lo quemaba. Las peripecias fueron gordas; desde quemar la ropa, pasando por comprar “o fiado” y esconderse de todo cristo.
Algunas anécdotas que recuerdo ahora os las voy a relatar: La primera vez que fumé delante de mi padre, de aquella tendría unos quince años, fue en una ocasión que estabamos trabajando juntos en Rechouso, y en un momento determinado, Pepe sacó la petaca para liar un cigarrillo, y a renglón seguido me la ofreció. Me tendía la petaca con la mano izquierda, y yo escesivamente desconfiado, interpreté que, cuando fuera a coger la petaca, él con la otra mano me soltaría un rijostio. Mi padre se dio cuenta del detalle y, retirándose un poco me la tiró, la petaca, yo la recogí, lié mi cigarrillo y lo fumé. Entonces Pepe me dijo: No te escondas de mi para fumar, pués si tienes el vicio ya no hay remedio, y lo único que vamos a conseguir es gastar mas tabaco por tirarlo cuando nos encontremos, y que cada vez que quieras fumar te alejes del lugar donde estamos trabajando, para esconderte, y así perderemos más tiempo. Conozco el tema por que fue lo que me pasó a mi con tu abuelo, y sin embargo aquí estoy fumando. Algún día tenemos que intentar dejarlo.
Otro día os contaré el chantaje al que fui sometido por Xeria y Cándido, con el tabaco.
Si podéis, ¡no fuméis!