“ZEA O QUE ZEA, CAERÁ!
BICHO RARO
Un invierno de los años cuarenta.
Durante la noche había caído una nevada que cubría los campos con unos tres o cuatro centímetros de espesor.
De aquella, lo primero que hacían los hombres de Val dos Marcos, era ir al pajar donde tenían acumulada la hierba seca, recogida en el verano, para alimentar al ganado en días como aquel.Cuando la nieve caída no dejaba los pastos al descubierto, y había que alimentar el ganado en las cuadras.
El Sr. X, se levantó, y después de tomar la “parva” se dirigió al pajar a preparar unos cuantos “mañuzos” de hierba para sus vacas.
El pajar como casi todos, estaba en las afueras del pueblo- Cuando el señor X llegó a las inmediaciones del pajar, advirtió una señal extraña sobre la nieve, que parecía la pista de un animal, y que se dirigía por el camino de “a lama do casal”.
Nuestro personaje, terminó la faena que le había llevado allí, es decir “sacó” la hierba, hizo los “mañuzos”, se los llevó al ganado y cuando terminó fue en busca de su amigo Y. Le contó lo que había visto. Fueron los dos hasta el lugar donde comenzaba a verse la señal sobre la nieve, y ambos llegaron a la conclusión que aquello eran “as piaxes” de un animal desconocido. Había que intentar cazarlo, pués las pisadas les llevarían al lugar donde se habría resguardado, podrían cogerlo, y seguramente le darían, por lo menos cinco duros por la piel. También pensaban que la carne podría ser buena para comer, cosa que no vendría mal.
Armados con “unha espalladeira de ferro” y un “sacholo” mediano, iniciaron el camino de la busca y captura del animal de la extraña pisada.
El señor X, decía,- “Zea o que zea, caerá”
La pista pasó por “a lama do cosal” y continuaba hacia a “fonte das cubas”, continuando por “as teixugueiras abaixo”
La cantinela del señor X, continuaba machaconamente : “zea o que zea, caerá”
Llegaron a “o rouso da chaira nova”, y allí la pista se introducía en el monte en dirección a “barxelas”.
Como aquí el monte era grande y espeso, tomaron precauciones, por si el bicho les atacaba, y comenzaron a dudar de si continuar o no, pués el temor a ser atacados, cada vez les aconsejaba mas desistir de la cacería, no fuese cosa de que después se tuvieran que lamentar. Pues el animal podría estar rabioso y morderles, podría ser muy fiero y atacarles de forma inmisericorde, en fin lo que al principio era prudencia acabó convirtiéndose en miedo.
Tomaron la decisión de abandonar y dirigirse hasta la casa que tenia el señor Bernardino, en su quinta de “Barxelas”. Desanduvieron parte del camino, y un poco mas atrás bajaron hasta la casa para ver si Bernardino les invitaba a tomar un café, y así se calentaban a la lumbre un poco.
Cuando llegaron a la puerta de la casa, comenzaron a mirar el uno para el otro, temiéndose lo peor, y con voz temblorosa y bastante asustados, llamaron por el propietario de la casa, que no respondía.
El motivo de su desasosiego, era que, delante de la puerta de entrada las pisadas del animal eran muchisimas, seguramente se habían juntado varios animales, habían atacado a Bernardino, y sabría Dios que les pasaría a ellos. Entonces al ver que el dueño de la quinta no respondía, iniciaron la retirada, lo mas cautelosamente que pudieron con el fin de no levantar las iras de los animales sueltos.
Consiguieron, salir de la finca sin ningún problema, accedieron al camino de regreso, y ya habían decidido uno ir a Hermisende, a avisar al Sr. Juez, y el otro a la Guardia Civil, para que recogieran los restos del pobre Bernardino.
Cuando llegaron a “a portela das teixugueiras”, se llevaron un susto de muerte y casi quedaron paralizados, pués delante de ellos apareció Bernardino todo sonriente que les decía:
¿Pero, que hacéis aquí a estas horas de la mañana y con esta nieve?
Después de un rato, y cuando pudieron hablar, cosa que tardaron unos cuantos minutos, pues el miedo y al mismo tiempo la risa, no les dejaban hablar.
Los dos se habían dado cuenta al mismo tiempo, de que el bicho que buscaban lo tenían delante de ellos.
Bernardino llevaba los piés calzados con una alpargatas, que a su vez estaban metidas en una hermosas “madrueñas”.
Nunca intentéis cazar animales desconocidos, suelen dar sustos algunas veces.
Jeje, el miedo muchas veces es mal compañero. Acojona mucho más lo que se imagina que lo que se ve!!
Este me ha gustado mucho como está escrito. Va a ser que lo has repasado… jeje.
jejeje , que susto !! Que bueno eres eh!!
Empezar el día con uno de tus relatos siempre me da vidilla, afronto la mañana con más humor , gracias !!
Un saludo !
Que gran historia!! Es cierto que el miedo no suele ser un buen acompañante. Y tener tiempo para pensar mucho menos!
Solo una curiosidad. Normalmente pones nombre a tus historias. ¿Por qué en esta Sr. X e Y? ¿Alguno prefiere mantenerse en el anonimato?
jajajaja, moi boa. creo q un dos nomes queda claro…
bicos, Masé
Bueno… gustoume!
Qué son madrueñas??
anda que non temos todos e todas que aprender!!!
Bicos
Paula
Xabres, le podrías llamar Zeta en vez de X.
Estás preparado para hacerle la competencia a tu vecino Javier. Seré la primera en comprarlo.
Saludos desde Barcelona
Urbanorural
Hola Urbanorural, espero que os lo paseis muy bien en la Ciudad Condal.
Dale recuerdos a tus hijos y nietos .
Un abarazo.