Thursday, January 10, 2008

TIEMPOS DIFICILES

PAGAR L A CONTRIBUCION EN VAL DOS MARCOS
EN EL PUEBLO DE HERMISENDE.

Tendría yo alrededor de nueve años, y por una razón que se me escapa, mi padre me mandó a Hermisende, acompañando a nuestro tío Marcelino, para pagar la “contribución”.
 De aquella para cobrar los impuestos, aparecía por  el Ayuntamiento un señor que le llamaban “El recaudador”.
 De paso que íbamos a pagar, llevábamos la cartilla de racionamiento, para poder traer una hogaza de pan de trigo, cosa que por aquella, para los chavales era casi como el roscón del día de la fiesta.
 Cuando se quería decir que alguien era rico, se decía que comía pan de trigo.
 En Val dos Marcos, en la primera mitad del siglo pasado, y sobre todo en los seis o siete años posteriores a la llamada guerra del 36 (algunos la llaman civil, pero yo creo que era bastante incivil  e incivilizada), las necesidades de todas las familias eran muy grandes. La mayoría de las personas mayores, llegaron a pasar hambre física, pués había muy poco que comer, y aunque en la zona había una verdadera autarquía, pués del exterior casi no entraba nada a aquella economía de subsistencia, en la época que menciono, las cosechas del lugar eran miserrimas.
 Incluso, un producto abundante y que podía quitar el hambre, escaseaba. Me refiero a las castañas, alimento secular en la zona, desde antes de existir el maíz y las patatas. Hay que pensar que algunos de los castaños de la zona son milenarios.
 El Ti Marcelino era un señor en todos los sentidos, y bajo mi punto de vista, un sabio. Estaba casado con una  hermana de mi abuelo, llamada Jesusa, a la que casi todo el mundo le llamaba “madriña”. No sé la cantidad de ahijados que tendría oficiales, pero extraoficiales eran todos, los de la edad de mis padres y los mas jóvenes.
 Era un hombre muy tranquilo, ameno, al que nosotros queríamos mucho.
 También era un hombre al que muchos habitantes del lugar pedían consejos sobre casi todo. El oficio de “O ti Marcelino”, era, además de labrador, el de herrero.
 Cuando íbamos caminando hacia Hermisende, se nos fueron juntando otras personas, que también iban a lo mismo: pagar la contribución.
 Al llegar al puente, uno de los hombres que iban a pagar, se acercó al ti Marcelino, y en voz baja, y con la mirada clavada en el suelo, le dijo:
 Mire, Marcelino, no llevo dinero para pagar. Si usted no lleva para prestarme yo ya doy vuelta desde aquí.
 A lo que el ti Marcelino le contestó. Venga vamos allá, mal será que no arreglemos.
 Cuando llegamos a la escuela, lugar donde estaba el  “recaudador”, había gente alrededor, en corros comentando unos con otros lo injusto de la famosa contribución, y la mayoría quejándose de lo injusto y abusivo de aquellos pagos. Había uno que decía que él no sacaba en todo el año lo suficiente para pagar los impuestos.
 Parece ser que a la mayoría les pasaba lo mismo. Después me enteré que la mayoría de la gente tenia que pedir prestado el dinero para pagar aquello, y la alimentación y el vestido, brillaban por su ausencia.
 Cuando nos tocó el turno de pagar a nosotros, yo acompañado por mi tío, me acerqué a la mesa, que por cierto era la del maestro, y mi sorpresa fue enorme al ver al lado de los papeles y el dinero que ya tenia el recaudador, una enorme pistola, con el cañón mirando fijamente hacia los paganos.
 

Posted by xabresdateixeira@mundo-r.com in 09:24:53 | Permalink | Comments (6)