ARRIBES DEL DUERO
Hoy, leyendo un comentario que agradezco, de el hijo (o pequeno) de Xon y Serafín en este humilde blog, de un Xabrés que presume de tal, voy a contar un viaje que hicimos este verano por las Arribes del Duero.
La relación de este comentario con los amigos de Semurandar y en particular a Pateos y Empapuces, magnifico blog que sigo desde hace tiempo, cuando en una de sus entradas nos habla de la Mula de Villardiegua.
Como decía al principio, en este Agosto ppasado, después de una breve estancia en la capital del reino, Magerit, (¿les joderá mucho a algunos dirigentes políticos, el nombre árabe? Regresamos por Salamanca con la idea de llegar a Val dos Marcos por el Parque de Montezinho.
Como nos caía de camino, decidimos visitar la zona mencionada, entre las provincias de Salamanca y Zamora. Referiré nuestras experiencias sobre la zona en otro comentario que escribiré con un poco más de tiempo (aunque nadie se lo crea, el escribir aquí es a costa de quitarle unas cabezadas a la siesta), ges el asunto lo merece, pero hay que revisar las fotografías para refrescar la historia.
Ahora quería referirme a una cuestión que me quedó grabada en lo más céntrico de mi disco duro, y que no quiero dejar pasar, sin gritarlo Urbi et Orbi.
A lo que me estoy refiriendo es a la GENTE que habita la zona, ante la que hay que quitarse el sombrero, hacer reverencia y solicitar un poco de su sabiduría y humildad, que al final conforman una forma de vida casi olvidada, y que, seguro que si cundiera haría la vida más amable y ¿Por qué no decirlo? Mejor en este Planeta.
En Fermoselle, un bellísimo pueblo zamorano en límite con Miranda do Douro en Portugal, mediando el el río Duero, las personas que lo habitan son algo FUERA DE SERIE. Cuando deambulábamos por sus retorcidas y empinadas calles, tanto si era por la mañana, al medio día con un sol de justicia, o por la tarde noche, siempre sucedía lo mismo. Veíamos una persona en un soportal, una ventana o caminando en dirección nuestra, ya habia una persona dispuesta a hablar con nosotros, la sonrisa en su cara y la expresión de amigo, ya estaba sembrada. Creo que seria un insulto y un pecado capital, pasar por delante de aquella gente y no hablar con ella. ¡Buenos días!, ¡Buenas tardes!, te llevaban a una pequeña conversación donde te ofrecían información sobre la zona y sobre lo que quisieras preguntar.
¡Si alguna vez, pasáis por la zona, hablad con toda persona que se os cruce!
En Villardiegua, un pueblo donde los restos arqueológicos están en todas la edificaciones, que cerca hay un castro prerromano sobre el río Duero, y el famoso verraco “La Mula”, no es una excepción con sus gentes.
Perdían el tiempo con nosotros dándonos explicaciones, incluso, una señora nos habló de la vida de su familia antes y ahora. Antes muchos en la casa, trabajo poco productivo y ahora estaba solita, aunque eso sí tenia un hijo que todas o casi todas las semanas se acercaba desde Valladolid a visitarla, y hacer vino como el de “antes”.
Desde aquí quiero rendir un homenaje a todas aquellas personas que residen allí, y que gracias a ellas la comarca es así de acogedora, y que nosotros debemos estarles agradecidos y si fuere posible abrazarles desde el fondo del corazón.
