15/05/2008

CUIDADO CON LOS JUEGOS DE IMAGINACIÓN

AD KALENDAS GRAECAS.-

 

 Quiero narrar aquí, algo que un día me contó alguien, de cuyo alguien me he olvidado, y algo que alguien debería olvidar.

 

 Erase un alguien, que tenia otra residencia, distinta de la habitual.

 Pasaba la mayor parte de su tiempo en su residencia habitual, acompañado de su familia, que consistía, en su esposa un hijo y una hija, y los respectivos cónyuges de estos últimos.

 Tenía por hábito, desde siempre, desplazarse una vez al mes a la residencia no habitual, acompañado bien de su esposa, bien de alguno de sus hijos. Siempre, parte de la familia quedaba en el lugar de residencia fija.

 No era por casualidad, ni porque estuviese programado así, era simplemente, porque en la segunda residencia, no cabían todos, sobre todo a las horas de dormir.Para comer siempre se pueden hacer turnos, para dormir fastidia bastante el cambio de imaginaria..

 La distancia entre una y otra residencia era considerable. Aproximadamente, unas setenta leguas.

 El desplazamiento era por una carretera, no excesivamente buena, algo estrecha y con un piso que no ofrecía demasiadas garantías a los conductores después de un par de horas de conducción.

 Alguien, era siempre el conductor, pués, como él decía, era muy mal copiloto. Prefería cansarse, no se sabe muy bien porqué, si por miedo o desconfianza en los demás.

 En la ocasión que nos ocupa, habían decidido ir a pasar una semana a la segunda residencia. Se desplazaron los cinco, su señora, su hija, el marido de la misma y una pequeñaja de un par de años.

 Todas las noches al irse a la cama, después de leer cinco minutos, para quedarse dormido con el libro encima de las narices, se despertaba, y en el silencio de la noche le daba por pensar, con los ojos cerrados, y completamente quieto, si estaba en la primera residencia o en la segunda.

 Se imaginaba que estaba en aquella que no estaba, y a veces conseguía un efecto tan real, que ante el miedo a que su pensamiento se convirtiese en realidad, abría los ojos, se movía en la cama, hasta oír la voz de su compañera, preguntándole si le pasaba algo.

 Al cerciorarse de que estaba en el mismo lugar donde se había acostado, contestaba que estaba bien, que simplemente quería cambiar de postura.

 Aquella noche, con el mismo juego, no intentó moverse, ni abrió los ojos, simplemente se dejó llevar por su imaginación, y se quedó dormido.

 Soñó que viajaba, hacia otro continente, en el que jamás había estado. No sabia muy bien como, pero se encontró en un lugar, desconocido, con gente desconocida, que le trataron muy bien, todo eran formas y maneras nuevas, pero que todos intentaban ser agradables y hacerle su estancia feliz.

 La casa donde vivía, estaba sobre un grande río de aguas cristalinas, y que se movían debajo de la misma de una manera impresionantemente rápida, pero al mismo tiempo dejando ver con claridad y  placidez, el fondo y los seres que allí había.

 Todo era demasiado bonito, demasiado plácido. Se sentía el centro de atención de todo lo que le rodeaba, y llegó a pensar que estaba soñando.

 Efectivamente así era, estaba soñando, y de súbito despertó, con una necesidad fisiológica imperativa.

 Se levantó, para acercarse al lugar donde debería estar el cuarto de aseo, pero aquí fue la sorpresa. Las puertas habían cambiado de lugar, mejor dicho, no habia puertas. Era de noche, estaba oscuro, pero él no necesitabla luz. Volvió a la cama, pero ésta no existía.

 La habitación se había convertido en algo muy pequeño y al mismo tiempo enorme.

Se apoderó el miedo de él, y se puso a llorar. Había perdido todo aquello que quería: Mujer, hijos y nietos. Y lo peor, estaba totalmente perdido, totalmente solo, y al mismo tiempo con la sensación de estar rodeado de amigos, pero invisibles.

 Trató de serenarse, cerró los ojos, inspiró de forma profunda varias veces y de pronto se acordó de que su madre en alguna ocasión le había dicho, que a veces una oración solucionaba todo.

 No se acordaba de ninguna, tal vez nunca había usado ninguna, y con la misma determinación del principio, se encomendó a aquello, que podría ser el Origen de Todo.

 Se excusó por no saber que decir, y de nuevo se encontró en su cama de la segunda residencia.

 Cuando despertó, a la mañana siguiente, todo el mundo en la casa le recriminó, que se hubiese ausentado dos día consecutivos, sin decir adonde iba y por qué.

 No intentó justificarse, pues sabía que era imposible y que nadie le creería. De pronto su nieta, abrazándose a su cuello, le dijo: YO SÉ DONDE HAS ESTADO, ABUELITO es nuestro secreto.

Posted by Xabrés da Teixeira at 17:47:34 | Permanent Link | Comments (8) |