Este verano, como no podía ser menos, seguí con mi afición de visitar castros. Es extraordinaria la curiosidad por intentar averiguar los orígenes de nuestros antepasados. Cada vez que se profundiza mas en tratar de averiguar algo sobre aquellos habitantes de antes de los romanos, aquellos, seguramente esclavos que poblaron el Valle del Tuela y alrededores, más interés se apodera de uno, y mas ganas de saber nacen.
De todos es sabido, que de la cultura romana se conoce mucho, sin embargo de aquellos pueblos anteriores conocemos poco. La cultura llamada celta, salvo por los vestigios en la piedra, y los restos de sus poblados ya romanizados, es en líneas generales bastante desconocida.
Una de las cosas que todavía es un misterio, es saber que hacían con sus muertos, pués hasta la fecha no han aparecido restos funerarios. O bien no los hay, o los incineraban..
Como decía, este verano, visitamos varios asentamientos “castrexos”, por ambas riberas del río Tuela, algunos con señales evidentes de haber sido romanizados y otros, más bien pocos, con dudas fundadas.
Visitamos uno en Lubián en el lugar denominado Castrillón, donde los restos de la muralla y el emplazamiento de una antigua iglesia, parece que quieren decir que por allí estuvieron romanizados. En la iglesia “vieja”, se había hecho el cementerio del pueblo, ahora cambiado a las afueras, en dirección a Hedroso.
En este cementerio se han desecho las sepulturas, algunas todavía quedan, me imagino que para trasladar los huesos al nuevo cementerio. Lo que queda es un poco tétrico a primera vista, pués al estar descubiertos, haberle entrado agua y demás, como que sobrecoge, sobre todo ver la última morada de humano, que ha sido desalojada..
Río Tuela abajo, en la margen izquierda está el castro de as Muradellas, donde ya se han hecho algunas excavaciones, sin que hayan aparecido indicios de sepulturas.
En Castrelos visitamos la zona del Cotarón, donde está también “O pozo do Mouro”, justo enfrente del topo de Mouromorto, Parece que en la zona también hubo asentamientos, de restos no se sabe nada.
En los dos castros de Hermisende, el que hay en la raia, ha sido derruido por las máquinas de la repoblación forestal, y apenas quedan vestigios. Sin embargo en el que hay al lado del Rachado, ha aparecido hace unos años, en la parte sur del mismo una extensión grande de enterramientos, que seguramente son de la época de la peste. Yo he visto una sepultura con dos cadáveres, uno de adulto y otro de niño.
En el castro de Trasil de San Ciprian, también hay constancia de enterramientos tardíos, incluso en una “leira” que no quiero identificar, hay una piedra labrada y con caracteres extraños, que podría ser una lápida, o una estela.
Un castro en Castromil, nos dice que allí, casi con toda seguridad, hubo una “domus” romana, sobre un antiguo asentamiento, aquí si parece que hay urnas cinerarias, lo que nos diría que por lo menos guardaban sus cenizas.
Ya dentro de Portugal y siguiendo el curso del rió Tuela Tenemos dos asentamientos uno en Moimenta y otro en Montouto, e características iguales al de As Muradellas de Lubián.
Hay dos probables castros en el término de San Ciprian, uno en Cancelada-Piñeiro y otro en Lagoas. En el del Piñeiro, he descubierto lo que parece una sepultura, pero vacía.
Contemplaba yo desde lo mas alto del Ladeairo, una noche, toda la cuenca del río Tuela, pués desde el punto donde estaba veía el río desde las Maseiras, hasta Dine, cuando por la zona del naciente apareció una nube brillante desde la cual un angelote tocaba una trompeta, llamando a todos los muertos a recuperar sus antiguos cuerpos, pués se iba a iniciar el Juicio Final. Reconocí una de las trompetas del Juicio Final.
Entonces, que nadie me pregunte como, pude observar simultáneamente todos los lugares donde habían sido enterrados nuestros antepasados, y vi, como de la tierra salían primeramente los huesos, que se iban juntando para dar de nuevo forma al cuerpo del que ellos habían sido parte.
Se veían concentraciones de esqueletos, en las zonas donde había sido los cementerios, y de vez en cuando, aparecía algún cadáver aislado en medio del monte que denotaba que su propietario no había sido llevado donde los demás.Seguramente era un facineroso o había muerto sin ayuda de nadie. A lo peor comido por las fieras.
Todos lo huesos iban configurando un esqueleto, había algún hueso que era rechazado de algún grupo, y se veía obligado a deambular un rato hasta encontrar su esqueleto, pues no tenían permitido hacer un esqueleto con huesos duplicados. ¡Quedaría francamente mal, un esqueleto con dos fémures, o con dos calaveras!
La propia tierra fue cubriendo los huesos de cada individuo, y una suave lluvia la humedeció, lo que facilitó su acoplamiento en los mismos y el que fuesen cogiendo forma hasta quedar configurados los cuerpos todavía sin vida de toda aquella gente.
De súbito apareció otra nube de la que empezaron a salir almas con la misión de irse incorporando a sus cuerpos respectivos y aquí ya se preparó un verdadero zafarrancho, pués muchas de las almas al ver sus propios cuerpos no querían ocuparlos e intentaban colocarse en otro. Esto era debido a que conocían perfectamente sus vidas pasadas y por lo que deduje tenían miedo a ser reconocidos por su fisonomía y querían despistar e los juzgadores.
Apareció otro ángel, que de forma autoritaria y a empujones obligó a los renuentes a aceptar sus cuerpos antiguos.
Salvo muy pocos, la gran mayoría se dispersó por los montes, pues por lo que pude observar, no querían encontrarse unos con otros. Cuando se conocían, o bien discutían agriamente o directamente se liaban a mamporros con los vecinos, lo que obligó al ángel autoritario a imponerse y después amenazarlos con la desintegración absoluta, consiguió que todo se calmase. Justo en ese momento, vi. pasar dos Arcángeles por encima de todos aquellos resucitados, y uno le decía al otro:
- Hay que hablar con el departamento de diseño de la Tierra, para que busquen el fallo, pués al acoplar el alma con el cuerpo siempre sucede lo mismo, este último se cree inmortal, le crece el ego y se acaban perdiendo a sí mismos.
- Creo que tienes razón.- Comentó el otro.
Justo en ese momento desperté, y me puse a pensar si mi afición por las culturas antiguas no me estaría jugando una mala pasada.