Nuevo rumbo: HOMENAJE A RIBADELAGO DE SANABRIA
He estado dándole vueltas a la manera de iniciar la andadura por este blog, con temas de Etnografía y Arqueología, y se presentaban dos incógnitas. Una era que idioma debería usar y otra que tema abordar como cambio de contenidos.
Lo he resuelto de la siguiente manera; en cuanto al idioma usaré aquel que mejor le vaya a cada entrada, procurando siempre hacerlo en el de la Alta Sanabria, ya veremos el resultado, y, en cuanto al tema de la primera entrada, pienso que, como un pequeño homenaje a aquellos años sesenta y a aquellas gentes que sufrieron el desgraciado desastre por culpa de una verdadera especulación económica, me refiero al derrumbe de la presa de Vega de Tera que arrasó al pueblecito de Ribadelago, sin darle oportunidad de salvación a sus moradores.
Fué, prácticamente, con nocturnidad y alevosía.
La noche del 9 de Enero de 1.959, yo había dormido en Puebla de Sanabria, concretamente en Las Ventas de Pichiriche, en casa de un primo carnal de mi padre. Habíamos dormido los dos allí. Muy temprano me embarque en un autobús que me llevaría hasta Mombuey, donde haría trasbordo a otro que me conduciría a Benavente, donde a la sazón estaba interno en el Colegio Virgen de La Vega.
Me enteré cuatro o cinco días después de haber sucedido la tragedia. Mi padre se enteró aquella misma mañana y junto con su primo y el hijo mayor de éste fueron hasta el lugar del desastre, con ánimo de ayudar en la medida de sus posibilidades, que eran muy pocas, y que apenas mejoraron cuando las autoridades del régimen franquista tomaron cartas en el asunto. Se creía que lo único que pretendían era que aquello no trascendiera más allá de la zona, y menos aún de las fronteras de la nación. Esto último fué en balde, pués la radio dió la noticia, y gracias a Dios, la frontera portuguesa está a menos de cuarenta kilómetros y la noticia de la desgracia corrió como la pólvora, y las autoridades no pudieron mantener aquello en secreto.
Aquella noche había llovido muchísimo, y la presa había acumulado cerca de 20.000 metro cúbicos de agua, la temperatura había rebasado los -18º C, lo que unido a la mala construcción de la presa, se convirtió en una bomba de desastre.
La presa no había sido hecha con hormigón armado, sino de mampostería, se habían empleado materiales tales como madera, pizarra, mezclada con grava y muy poco cemento. Se trataba de ahorrar para que el constructor obtuviera un mayor beneficio. Hasta los que no tenemos ni puñetera idea de construcción sabemos que la pizarra y el hormigón no se llevan bien y con la madera mucho peor.
Cuando la presa reventó, el agua solo tardó 20 minutos en recorrer los nueve kilómetros de distancia hasta el Lago de Sanabria, y con lo primero que se encontró, una vez recorrido el cañón del Tera, fué con las casas de Ribadelago, la mayoría de las cuales estaban asentadas en las rocas graníticas allí existentes.
No quiero que se me olvide el nombre de la empresa constructora, se llamaba Moncabril, no sé si todavía existirá, y la presa creo que era para Iberduero.
A estas alturas y después del tiempo transcurrido, que yo sepa no ha habido una verdadera investigación, ni la sunción de responsabilidades de ningún tipo por nadie. Las autoridades franco-falangistas de la época se apresuraron a hacer un nuevo pueblo, al que llamaron Robadelago de Franco, sin tener en cuenta ninguna de las características y necesidades de los habitantes, que Vivian de una agricultura de subsistencia y una ganadería precaria.
En definitiva y para no extenderme demasiado, diré que hubo 144 muertos de los cuales solo fueron enterrados 28, los restantes descansan en el fondo del lago, con lo habitantes de Villaverde, pueblo fabuloso, que la leyenda ya había enterrado en las entrañas de las aguas.
Desde aquí quiero dejar mi homenaje a todos los paisanos sanabreses, sobre todo a los de Ribadelago, y repetir las palabras que muchas veces le oí decir a mi padre:
CANDO FUMOS ALÍ, O ÚNICO QUE PUIDEMOS FACER, FOI CHORAR CON AQUELA XENTE.