NO ES TAN IMPROBABLE
Estaba sentado allí mismo. En el mismísimo Alto do Marabón, desde donde, al sur casi divisaba la Ciudad de Bragança, al oeste el imponente macizo do Invernadeiro, al norte la parte de la Sierra Segundera con la portilla del Padornelo a la derecha y el Aguallal a la izquierda, y al naciente le impedía la vista mas lejos, el Monte Muga.
Ya había perdido la noción del tiempo que llevaba en aquel alto. Mirar a su alrededor sólo conseguía que la angustia y la congoja le dominasen de forma cruel.
De los alrededores, si se daba una vuelta de trescientos sesenta grados, el poblado que mejor se veía, era Montouto. Lo que le traía a la memoria al “ti” Alejandro, que era original de allí, y su despertar una mañana de un mes de Julio, después de un precente día de segar hierba, cuando dando unos grandes berridos, despertó a todo el mundo, comunicando que tenía “un menino”.
Fue probablemente la última vez que se le vió con una media sonrisa. Se levantó e inició el descenso hacia Rebordelo.
Había tomado la determinación de terminar en el Pozo de Penascada. Seguramente era la mejor solución.
Inició la andadura monte abajo, con cierta dificultad, pués empezaba a estar débil. La última vez que había comido algo ya casi no sabia cuando había sido, y se mantenía en pié gracias a que de vez en cuando ingería un poco de aquella nieve helada que cubría la urces, en este caso eran del tipo de queiruga.
Cuando se introdujo en aquella cueva, que le habían enseñado en Barxacoba, nunca había pensado en lo que iba a pasar durante su estancia dentro. Con intendencia para un par de semanas, de la que, parte había dejado al inicio de la cueva por motivos de agilidad dentro del subterráneo. Había estado dentro media semana.
Al salir ya se dio cuenta de que fuera había pasado algo extraño. Los arbustos de los alrededores daban la impresión de que habían sido chamuscados o algo parecido.
Al recordar el día en que había entrado en la cueva, estaba completamente seguro de que no habían transcurrido más de cuatro días, sin embargo daba la sensación que desde su introducción en la mina hubieran pasado varios meses.
Cuando llegó al pozo de Penascada, después de haber pasado por pueblos arrasados y ver desde A Louxeira, lo que quedaba del pueblo, y que la zona de Hermisende, prácticamente era un lago, después de pasar por la fuente de “A Cunca”, para ver que a los lados y dentro de la cabaña, solo había cadáveres de animales, había tomado aquella decisión.
Buscó por los alrededores algo con el que sujetar aquella piedra, que había seleccionado para que le acompañara al fondo del pozo. Era buen nadador y tenia miedo de intentar salir del agua antes de tiempo.
En la parte donde se terminan las rocas, dentro del río había un remanso en el que normalmente se arremolinaban todas las cosas que flotaban en el río. Al fijarse en él, recordando las truchas que de aquellas rocas había sacado, se percató de que había atrapada en las raíces de los “amieiros” una, como especie de cuna, y al acercarse se llevó la sorpresa más gorda de aquellos días. ¡Dentro había un bebé!.
En los días que precedieron a su entrada en la gruta, se había hablado mucho y escrito más, de un posible enfrentamiento entre una potencia mundial emergente y otra decadente, separadas de un lado por un océano y por el otro por un sempiterno proyecto de Unión Europea siempre en mesas y estudios de políticos, pero jamás concretado, puesto que los pueblos que estos políticos dirigían nunca querían aceptar los planteamientos de estos últimos.
Bien sabido es que la gente normal, nunca ha querido especular, con sus semejantes, y casi única se ha sentido representada por los dirigentes elegidos, que una vez en el poder olvidan con demasiada facilidad las promesas hechas para auparse en él.
Por lo visto había sucedido lo que hacia mucho tiempo se venia gestando; la tercera guerra mundial, que por lo que a él se le entendía ya había sucedido, y lo que era peor parecía que la vida en la tierra, había sido exterminada en su casi totalidad.
Vivir sólo no parecía una buena solución, de ahí que cuando estaba en lo alto tomó la decisión de ahogarse en el río, y eligió un pozo en el que antes se había divertido.
Aquel bebé no tendría mas de siete u ocho meses, y aparentemente estaba sano y seguramente con mucho hambre, pués al cogerlo agarró con desesperación un dedo de nuestro amigo con ánimo de sacarle algo nutritivo.
De pronto nuestro personaje decidió que lo mejor para aquella criatura sería que iniciasen el viaje juntos, pués lo que quedaba no merecía la pena.
Sin embargo al volver a mirar aquellos ojos inquisidores y aquella inocencia de no conocer al ser humano todavía, consideró que él no era nadie para truncar aquella vida, y que pese a todo, merecía la pena intentar salvar aquella criatura, sobre la que recaería la responsabilidad de una nueva humanidad, aún asumiendo el riesgo de que ésta volviera a tropezar en las mismas piedras y cometer las misma estupideces.
¿Habrían desaparecido también los oligarcas y los grandes poseedores de “su” verdad en nombre de la cual decidían masacrar toda la Tierra?.


Din que nun caso de destruccion nuclear, as únicas que sobrervivirian serian as formigas.
Haberá que ver sé se pode chegar ahí.
Un abrazo. (Comment this)
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