COSAS ALAS Y OTRAS NO TANTO
FIN DE EMANA EN LA ORILLA DEL TUELA.
El Jueves me desplacé a San Ciprian, para hacer nos recados, e intentar convencer a alguna pintona de que me acompañase a casa, para ser freída y degustada acompañada de un buen albariño, pero las muy ladinas, casi no quisieron salir del agua.
Antes de ir al río, justo recién llegado, lo primero fue coger un cabreo monumental. Al lado de el refugio de Val dos Marcos, había plantado unos arbustos, con la idea de, que,contuviesen un poco la tierra y que ésta no siguiera llegando a donde no debe. Pués bien, a pesar de que yo ya había cortado la hierba, vino un “cristiano” mandado por el Municipio, a desbrozar los caminos del pueblo, y el buen hombre se cepilló, dos acebros incipientes, un boj y un tejo raquítico. Ni que decir tiene que alguna bendición, dejé por allí, no podía ser menos por la cercanía de la iglesia, el edificio.
El viernes bajé al río, conseguí el número de truchas autorizado, y otro berrinche. Me explicaré: La consejeria correspondiente de la Junta de Castilla y León, ha legislado la Ley y el reglamento de Caza y Pesca para la zona, en donde, concretamente en el río Tuela, solo se pueden pescar cuatro truchas de mas de diecinueve centímetros las arco iris, veintiuno la autóctona o salmo fario, pués bien devolví al río doce truchas que no reunían esos requisitos.
La ley dice que están prohibidos los cebos naturales, pues a pesar de ello, encontré tres pescadores pescando con cebos naturales, metían al cesto todo tipo de truchas, alguna que vió un servidor con un máximo de ocho o diez centímetro de tamaño.
No he visto por ningún lado vigilancia para hacer cumplir la Ley y lo peor es que parece que casi todo el mundo hace lo mismo. Seprona por aquí no viene, palabras oídas en la zona.
Otra cosa negativa, como ha llovido mucho en la primavera, la cantidad y tamaño de la hierba por todos los lados es tal, que como las autoridades no hagan algo, intentando limpiar, me temo que al final del verano, los desaprensivos planta-fuegos, puede hacer un verdadero desaguisado. Lo malo es que por lo que parece, la única medida será, encomendarse al santo que evite que el fuego entre al pueblo. Como no todo tenia que ser negativo, también hubo cosas positivas. La primera que todos los vecinos, a pesar de sus años, estaban bien de salud.
Mi primo Marcelino me alimentó de p.m., sobre todo el sábado con un arroz con cantarelus cibarius, y unos muslitos de pollo, con el que se chupaba uno los dedos.
Otra cosa buena, fue que mi prima Noemí, me regaló una buena bolsa de cacavinas, que de momento están en lugar privilegiado e la cocina de Vigo.
Lastima que durante mi estancia en el río los recuerdos de gente que ya nos ha dejado, fuese muy persistente.


Espero que se les atraganten las raspas. (Comment this)
Bicos. (Comment this)